Realmente no haría falta reflejar aquí lo que ocurrió aquella tarde, después de aquella mañana, del DÍA por excelencia en Manzanares. No, no se trata de hacer propaganda de algo en lo que esta Hermandad tiene poco mérito. Porque este DÍA es el SUYO. Aquel en que EL se encarga de llamar a cada uno de sus hijos, presentes o ausentes, para salir a pasear junto a cada uno de nosotros. EL no camina con todos, porque para cada uno tiene un ritmo y un paso distinto.

A veces, si te fijas, lo ves mirar a una ventana o detenerse en una bocacalle, como indagando y comprobando si aquel al que espera está allí. Y lo mira y le habla con sus silencios y lo llena de vida y esperanza, o quizás le recrimina con cariño algo que solo ellos dos saben y después, mansamente, le acaricia el rostro y enjuga sus lágrimas y le provoca una sonrisa de paz y misericordia.

No, no hace falta que os contemos a cada uno, cómo fue la procesión del día 14 de septiembre pasado, en la que salió a la calle Nuestro Señor Jesucristo, el de Manzanares, el de los manzanareños, NUESTRO PADRE JESÚS DEL PERDÓN. Ni tampoco, hermano, hermana, hemos de recordarte aquella palabra de consuelo, de ánimo, de alegría por el reencuentro, de reproche por una vida no muy allá, ese sígueme o el otro ven conmigo o, el no te preocupes, confía.

Porque quizás ya sepas que, a eso de las ocho y media de la tarde, salió al atrio de la Parroquia que en otro tiempo se llamó de la Asunción de Altagracia y allí quedó parado, observándonos, tranquilo, sin prisas, esperando que sus hijos e hijas caminaran delante, enviados por Él a ser sus testigos de fe, esperanza y amor y, allá por las nueve, precedido de la Banda de Música de la AMC Julián Sánchez Maroto, de una numerosa representación de hermandades y cofradías manzanareñas y de los hermanos y hermanas llegados de Membrilla y Valdepeñas, que le traían el aliento y el cariño de su Madre, la Santísima Virgen del Espino y la Esperanza, de las incontables señoras y señoritas ataviadas con sus tejas y mantillas que vestían sus mejores y multicolores galas, para agradar, para halagar, para venerar y anunciar al que venía detrás. Que, tras ellas, circulaba un gran número de autoridades civiles y militares, el pregonero, secretario, mayordoma, teniente hermano mayor y hermano mayor de la Muy Ilustre, Fervorosa y Antigua Cofradía y Hermandad de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús del Perdón y María Santísima de la Esperanza.

Por último, llegaba el Señor del Perdón, el Señor Arrodillado en su trono bellamente engalanado, acompañado de los sacerdotes que podéis ver en las imágenes. Y parece que se recreaba en la contemplación de tantos y tantas, que quizás llegados de cientos de kilómetros venían para verlo, para dedicarle una oración o una lágrima, para pedirle que el año que viene les permita volver de nuevo. Cada uno se llevaba consigo aquello que había venido buscando, porque este Señor no es tacaño y reparte a manos llenas y, allá por las once y media, cuando don Luis se dirigió a Él, en nombre de este pueblo que lo adora, para darle gracias y pedirle los dones que a veces no somos capaces de conseguir por nuestros méritos, allá, en el interior de su Ermita, como es tradición y don, un numeroso grupo de cofrades, atentos y deseosos de contemplarlo una vez más, formaban una calle que prorrumpió en aplausos y salvas, cuando el Señor de los manzanareños tomó nuevamente posesión de su casa. Arriba, en su camarín, guardándolo y bendiciéndolo, le esperaba, con una lágrima de alegría, su bendita Madre de la Esperanza.

No somos ángeles, ni lo seremos, somos hijos tuyos Padre y, por eso, nos atrevemos a pedirte muchos 14 de septiembre para todos, aunque luego nos busquemos madrugadas de silencio y amargura, noches oscuras y veredas de dolor y fatiga. Señor, Padre, te damos gracias por todo aquello que hemos vivido, como hijos tuyos, durante esos inolvidables días y te pedimos que no te canses de seguir enviándonos, aunque a veces nos cueste tanto ponernos en camino y, hasta nos demos la vuelta porque hemos olvidado tu apoyo incondicional y por nuestros medios no somos capaces de seguir. Tú lo sabes todo, Señor. Sabes que, como Pedro, te queremos. Gracias.

Las fotos son de Juanjo Díaz-Portales, José-Luis Sánchez y Carlos Caba.

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