Una Semana –Santa– Especial

Y fue especial, porque, en la historia de esta Hermandad, habrá que marcar con letras de oro, estos días, “de pandemia”, tan especiales, en que esta agrupación de fieles católicos, ha tenido la oportunidad de colaborar, como es nuestro principal motivo fundacional, con las Parroquias de Manzanares, a la par que celebrar, con la magnífica colaboración del coro Santa Beatriz de Silva, cada atardecer de Jueves, Viernes y Sábado Santos, la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesús del Perdón.

Debido a las limitaciones de aforo en los templos parroquiales, se nos propuso, por parte de nuestros Párrocos, la celebración de los Santos Oficios y la Vigilia Pascual, en la Ermita de la Vera Cruz, a lo que accedió nuestro Hermano Mayor de inmediato y, por este motivo, hemos tenido el gran honor de ver nuestra ermita llena esas tres tardes, además de las habituales visitas de mañana y tarde a nuestras sagradas imágenes.

Han sido celebraciones llenas de fe, devoción y silencio, total silencio, por parte de los fieles asistentes, que han llenado cada día, con todas las medidas de seguridad pertinentes, el aforo disponible en esta casa de todos los manzanareños y manzanareñas, que es todavía más hermosa y luminosa cuando está llena de vida.

Presididos por don José Felipe, al que agradecemos de todo corazón sus predicaciones, sencillas y llenas de enseñanzas para el alma, al que ayudó nuestro seminarista mayor, Martín Tébar Hernando y con varios miembros de la Junta Gobierno encargándose de la preparación, lecturas y limpieza del templo, fuimos participando, sucesivamente, en la Misa de la Cena del Señor, la celebración de los Oficios de la Pasión y Muerte del Señor y, por último, al atardecer del sábado, la Gran Vigilia Pascual, que concluyó con la bendición solemne y el aleluya desbordante de alegría, que da paso a una Pascua Florida y deseada, con la ilusión de que el próximo año, pueda ser diferente, que no mejor, aunque también, porque podamos sacar a nuestras imágenes en esa Procesión del Silencio, tan querida y deseada, desde hace dos primaveras.

Que el Señor nos conceda lo que insistentemente le pedimos, pero, sobre todo, que conceda la salud a los que la necesitan, la seguridad de un empleo, un techo y un plato de comida, a los que carecen de ellos y, también, la solidaridad fraterna del pueblo de Dios que, junto a sus sacerdotes, se dispone a celebrar la Pascua del Señor, hasta que Él quiera que la celebremos a su lado. Que así sea. Gracias Jesús, por permitirnos disfrutar, también, en estos inciertos momentos, de tu compañía. Bendito seas.

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