TENGO SED

Pequeña crónica del Pregón de las SIETE PALABRAS
Ermita de la VERA CRUZ – 26 de marzo de 2026

Se diga lo que se diga y se ponga el adjetivo que se ponga al sustantivo Jesucristo, el hombre, la mujer, tienen sed, una sed que la samaritana del pozo de Xiquen no podía contener, a pesar de sacar agua fresca cada día. 

Una sed de Dios, ese que se entregó y se entrega cada día, en un pedazo de pan partido y chorreón de vino, bendecidos, para que, todo aquel que lo busque lo encuentre como comida y bebida de eternidad, de vida, perdón, esperanza y misericordia, que también se hizo Palabra, en ese anochecer del jueves de la última semana de Cuaresma 2026, en la Casa Grande que es la Ermita de la Vera Cruz, con las puertas siempre abiertas para todo aquel o aquella que busca al Dueño de la Casa, junto al Brocal del Pozo, para pedirle que sacie tanta sed de vida y perdón, de misericordia y amor, de acogida y abrazo fuerte de Padre y Hermano Mayor. 

Y allá que fuimos, al anochecer de aquel día. Nos habían hablado mucho de ese Grupo Joven, que ha surgido en la Hermandad de Jesús del Perdón y María Santísima de la Esperanza y que ya “dieron la cara” una tarde del triduo decembrino de la Madre de la Esperanza. El templo se fue llenando poco a poco con la presencia y el calor de unos fieles, expectantes ante lo que se les podía ofrecer que no hubieran visto y vivido ya, en esto de la preparación para la Pasión y Pascua del Señor.

La ermita quedó en penumbra. Solo quedó iluminada la figura de la imagen y el retablo de Jesús del Perdón, en su camarín, y la del Cristo de la Vera Cruz, el de Ortega Bru, expuesto esos días en besapiés. A su alrededor, prestos, en dos bancos de la ermita, tomaron asiento una decena larga de jóvenes, chicos y chicas que, tras la lectura de las moniciones iniciales, comenzaron a leer, una tras otra, las siete palabras de Cristo en la Cruz y, tras cada una de ellas, una breve reflexión, un gesto, que pudo ser rasgar un papel, o depositar una flor a los pies de María de la Misericordia, previo el encendido de una vela. Todo muy limpio, todo breve, con intervalos de música sacra.

La gente, en sus bancos, sobrecogida, escuchaba absorta y totalmente partícipe de las palabras y reflexiones, hechas oración y súplica a Cristo en la Cruz. Para finalizar, el Hermano Mayor, Rafael-Ángel Huescar Pérez, nos invitó a marchar en silencio, con la oración más hermosa que el Señor nos dejó y marchamos, complacidos, a nuestras casas, siguiendo la meditación que ya se había iniciado y provocado en este acto que, tanto la Hermandad como los jóvenes, nos regalaron, a modo de aguinaldo, para introducirnos, sin solución de continuidad, en el camino que nos llevará, tras la Noche de Silencio, en la Pascua del Señor. Que Él os acompañe. 

Por si lo queréis ver y consultar os dejamos el guión de la celebración y unas fotos obra de Carlos Caba y de algún objetivo de la Hermandad.