El Niño Jesús irrumpe en la Procesión del Silencio
Así fue la “Madrugá” de nuestra Hermandad, vista desde la acera
En un tiempo en el que, parece que, decrecen los nazarenos con túnica en nuestra procesión y la “piel” del hermano de Jesús del Perdón, se queda en el baúl para ser sustituida por los penitentes que, tras la imagen de Nuestro Señor, identificados con su medalla al cuello, lo acompañan, cada vez en mayor número, aunque nuestra tradición sea o debiera ser, abrir ese baúl, estirar y planchar esa túnica, limpiar nuestros faroles y aprestarnos a desfilar, junto a Él, en la procesión por excelencia para el hombre o la mujer asociados indisolublemente a una imagen de Cristo Arrodillado en su segunda caída camino del Calvario, en esa Noche Santa en que conmemoramos la muerte del que se entregó por nosotros, para nuestra salvación, tras su Resurrección gloriosa, surge este año, en la procesión de nuestra Hermandad y Cofradía de Nazarenos, portada por unos jóvenes que han acudido, VOLUNTARIAMENTE, para decirnos que quieren ser parte activa, cada día y noche más, y no a título testimonial, una pequeña imagen del Niño Jesús, que nos ha sido cedida por la Parroquia, a la que fue donada por un fiel devoto de nuestro Padre y Patrón.
Y junto a ella y ellos, surge la voluntad de unos miembros de la Junta de Gobierno que, con su trabajo, imaginación y sacrificio de muchas horas, construyen unas sencillas andas en las que, el GRUPO DE JÓVENES, tras unas semanas de ensayos, han portado a este Niño Jesús Nazareno, a quién “una modista”, con toda la fe y el cariño de su alma hacia Nuestro Señor, le ha confeccionado y bordado una túnica morada, preciosa, para que, EL NIÑO, luciera en todo su esplendor en esta Procesión del Silencio 2026 y en esta noche en que, todos los ojos se posaron en “esa rareza” que la Hermandad, siguiendo la costumbre ancestral de otras Semanas Santas, ha querido, junto al GRUPO DE JÓVENES, testimoniar que, la Encarnación va unida inevitablemente a la Pasión, Muerte y Resurrección de todo un Dios, que quiso hacerse Hombre para la remisión de nuestras culpas y para mostrarnos que va delante de nosotros en el camino hacia el Cielo que todos estamos recorriendo.
Y visto desde la acera, por un “nazareno” de la fila, que hacía tiempo que no la veía en esta posición de la PROCESIÓN, a la una en punto de la “madrugá”, cuando se abrieron las puertas y la música nos advirtió que EL SEÑOR estaba en la calle, se le pusieron los pelos de punta y la garganta en la punta de la lengua, con una emoción infinita, que todavía dura y le oprime el pecho de emoción. Porque eso de ser HERMANO DE JESÚS DEL PERDÓN, es una honda vocación que no se compra ni se vende, se adquiere paso a paso y te la llevarás contigo para presentarte ante el Señor de Manzanares, cuando Él te llame a su presencia.
Y al frente de todos, tras la Cruz de Guía, esa docena de jóvenes, con Gabriel al frente y sus banzos, resonando en el suelo a cada paso que avanzaban, anunciando el paso de ESE NIÑO JESÚS, gracioso, con la Cruz en su mano diestra, invitándonos a todos a rezar y mirar con atención todo lo que, como cada año, continuaba.
Y lo que continuaba, eran las filas de nazarenos, la multitud de penitentes, las bandas de la Santa Verónica, de Membrilla, y la de la AMC Julián Sánchez Maroto, con su nuevo Director a la cabeza, y el Coro Mansil Nahar, a los que parece que lo de coro les ha quedado pequeño; sin olvidar a esos JOVENES DEL GRUPO, que vestidos de monaguillos o con las dalmáticas del patrimonio cofrade adaptadas a su talla y portando su incensario, desfilaron delante de los tronos de Jesús del Perdón y de la Virgen de la Esperanza; con ellos, nuestras autoridades civiles y militares y don José Felipe junto a la representación de la Junta de Cofradías de Manzanares, encabezada por su presidente, José María Callejas.
No, no me he olvidado. Porque quizás, sin ellos, no habría procesión. Hablo de los tronos que portaban a Nuestro Padre Jesús del Perdón, al Calvario de Cristo, con el Cristo de la Veracruz, la Santísima Virgen de la Misericordia y San Juan, a la pequeña carroza con el Lignum Crucis, portadora de un trozo o una reliquia de la Cruz redentora y, tras ellos, al final, nuestra Santísima Madre de la Esperanza, guapa ella, llorosa siempre, esperando la Resurrección gloriosa de nuestro Salvador, su Hijo Jesús, acompañada de sus nazarenos y nazarenas con capas verdes y túnicas blancas, que también se notaban bastante, como veréis por las fotos.
Fue una noche agridulce, en la que me decía, para mis adentros, que iban pocos nazarenos, cuando yo debía haber sido uno de ellos, y que el acompañamiento de penitentes era impresionante, hasta el punto de que hube de pegarme a la pared, para hacer hueco en la acera a los penitentes que acababan de incorporarse, con sus medallas de Jesús, unas de tantas de esas más de mil seiscientas y algunas más, heredadas de aquellos que ya gozan de esta noche desde el cielo.
Son muchas las procesiones del Silencio que este nazareno ha vivido a lo largo de su vida y de todas me marcho con una enseñanza para la vida. En esta ocasión, pienso que hay que seguir prestando mucha atención a estos jóvenes que nos provocan y se hacen presentes, para indicarnos claramente que están dispuestos a arrimar el hombro para que nuestra Semana Santa y nuestra Hermandad sigan subsistiendo y progresando para ser testigos fieles de esa Esperanza que Cristo trajo a nuestras vidas, tanto para los tiempos de vacas gordas, como para los de vacas flacas y guerras, por cuya conclusión y consecución de la paz seguimos y seguiremos rezando, todos juntos y siempre a los pies de Nuestro Padre Jesús del Perdón y la Santísima Virgen de la Esperanza.
Y por si vale de algo, aunque yo tampoco me la haya puesto este año: POR QUÉ NO NOS PONEMOS LAS TÚNICAS UNOS POQUITOS Y POQUITAS MÁS, NAZARENOS TODOS, Y NOS APRESTAMOS A ENGROSAR LAS FILAS MORADAS O VERDES DE NUESTRA PROCESIÓN DEL SILENCIO. No es por nada. Es por si se apolillan en el baúl.
FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN, HERMANOS Y HERMANAS.


















































