PADRE NUESTRO

Crónica desde fuera hacia dentro

Padre Nuestro, dicen que, cada vez menos, tus hijos e hijas de Manzanares, acuden a los actos religiosos y cofrades que tus Parroquias y tu Hermandad preparan con mucho cariño y fervor, para honrarte, venerarte y darte gracias, especialmente, en esos días que preceden al día grande de la Exaltación Gloriosa de tu Santa Cruz.

Dicen que quedan algunos asientos libres en el templo, cuando, años ha, tus devotos tenían que sentarse hasta en la Plaza para escuchar la predicación.

Dicen que la gente de este lugar de María Santísima, ya no vibra, como lo hacían nuestros padres y abuelos y prefiere irse de jarana o a disfrutar nuevamente de unos días junto al mar, que venirse hasta acá, hacer cientos de kilómetros, solamente para verte, para mirarte, para rogarte, para darte gracias, para conseguir una estampa de tu Sagrada Imagen que llevar y guardar en el bolsillo de la chaqueta, esa prenda que tan raramente nos ponemos ahora y que, junto a la medalla colgando de un cordón morado con tu gloriosa figura, nos enfundamos, haga el calor que haga, en este 14 de septiembre, para que, Tú, nos puedas mirar de arriba a abajo.

Pero yo he visto una Ermita de la Vera Cruz, abarrotada y sin posibilidad de albergar más personas, aquel 29 de agosto en que bajo la presidencia de don Manuel y Fray Francisco, se homenajeó a 21 manzanareños que cumplían sus bodas de oro y diamante en la Hermandad.

En su homilía, el sacerdote, nos habló de perdón y esperanza, en este año de la Esperanza, y fue encadenando las palabras para hacernos ver que, sin estas dos premisas, nuestras vidas quedan un poco vacías.

Y cuando hacía 48 horas que concluyó esa celebración, el Gran Teatro descorrió el telón, para mostrarnos, de nuevo, la imagen de nuestro Patrono y presentarnos al pregonero, don Agustín Sánchez Sánchez-Gil, que con el lema de que “MANZANARES CELEBRA UNIDA, CON DEVOCIÓN EN LAS CALLES, LA CRUZ DE LA ESPERANZA” nos fue introduciendo en ese mundo de fe y devoción que él, como manzanareño de pro, ha mamado desde la cuna y que ha llevado por bandera, en cualquiera de las múltiples facetas, actividades y apostolado que ha llevado toda su vida mientras, desde su comercio y taller de joyería, sacaba adelante una familia a la que le nacieron dos hijas religiosas y otra que le ha regalado lo más bonito que un hombre puede tener: una nieta preciosa, junto a una esposa que, como él, han llenado sus vidas con la presencia de Dios y su Santísima Madre.

Y en ese carrusel de imágenes que el cronista ha guardado en su memoria, el 4 de septiembre, como cada año, recién estrenada la noche, el portón de la Ermita se abrió y, como cada año, apareció en su trono la imagen del que más amor recibe y regala en Manzanares, Nuestro Padre Jesús del Perdón, y miles de ojos se quedaron fijos en Él, aunque muchos derramaron lágrimas de emoción cuando lo vieron pasar, tan serio, tan hermoso, tan lleno de vida que dar y amor que entregar, portando y soportando esa Cruz salvadora a la que muchos nos agarramos. Y los ánimos se desbordaron cuando, unos cientos de metros más allá, inició su entrada en la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, para celebrar su novenario. Y la gente tenía que expresarle de algún modo su cariño y prorrumpió en un cálido y prolongado aplauso, mientras la Banda de la Asociación Músico Cultural Julián Sánchez Maroto, interpretaba el himno nacional. Con un Padrenuestro y el canto de las primeras estrofas de su himno, nos despedimos de Él, llevando en nuestros corazones la emoción, que ya empezaba a crecer y la esperanza de un nuevo amanecer, para coger sitio en la Parroquia.

Y el viernes 5, cientos de personas, que casi llenaban los bancos y las sillas que el Ayuntamiento presta para estas ocasiones, nos dispusimos a participar en el novenario, impartido este año, al más puro estilo ignaciano, por don Vicente Díaz-Pintado Moraleda, sacerdote natural de Membrilla y párroco de la de Santa María Magdalena, de Valdepeñas que, noche tras noche, nos ha llevado, tal como prometió el primer día, sin solución de continuidad, por un camino que se inició en Galilea y terminó en la Pasión y Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, para finalizar en su gloriosa resurrección. Ha sido un maratón que el señor cura mantuvo las nueve noches, mostrándonos y adentrándonos, a toda velocidad, en un mundo lleno de Amor y Pasión, un ungüento que, bien aplicado y frotando suavemente, despertaba en cada uno o cada una, algo así como un calor que iba aumentando a medida que llegaba la novena noche.

Todo ello acompañados del calor ambiente que, intensamente aportaban, los cantos de Mansil Nahar, los Coros Parroquiales de la Asunción y Altagracia y la Coral Polifónica Mater Assumpta, junto a las catequistas, las religiosas consagradas de las hasta dentro de poco tres órdenes religiosas presentes en Manzanares, los miembros de la Pastoral de la Salud, de la Adoración Nocturna, Cáritas, los Jóvenes, las Hermandades y Cofradías de Manzanares, los Seminaristas, a los que les ha llegado un nuevo compañero de Manzanares para este curso, Jesús Manuel y, por último, llegó la noche de esta Hermandad, en la que agradecer a todos y, muy especialmente a los hijos e hijas de Manzanares, presentes o ausentes, su apoyo incondicional y su cariño hace Ti, Padre Nuestro que, cada año, siguiendo los deseos de nuestra Madre de Esperanza y Misericordia, transformas nuestra agua en buen vino y llenas nuestros corazones de agradecimiento y nos haces deudores de todo ese Amor y Perdón que derramas desde tu camarín y a tu paso en ese día que se avecinaba.

Entre medias, el 9 de septiembre, de mañana, un grupo de nosotros, acudió a la Residencia Los Jardines, para compartir un rato de oración y reflexiones junto a nuestros mayores, para llenarnos de esa gracia tan especial que ellos irradian y, tras entonar el himno a Nuestro Padre Jesús del Perdón, compartir unas estampas con ellos y salir, agradecidos al Señor, rumbo cada uno a sus quehaceres, pero llenos de esa vida especial que nos regalan esos cristos que, en la etapa final de sus vidas, comparten casa, recuerdos, ilusiones y esperanzas, bien atendidos, tanto como ellos merecen, por un personal muy profesional y entregado a su labor, también de apostolado.

Grandes noches en tu compañía que se completaron en ese Gran Domingo, en el que exaltamos tu Cruz y tu Pasión y nos agarramos a esa piedra en la que te apoyas, para seguir caminando a tu lado. Con una eucaristía o Misa de Hermanos, presidida por don Benito que, como siempre, de mañana, abarrotó el templo de fieles y al final de la cual se impusieron las medallas a los nuevos hermanos y hermanas, para volver, al poco rato y, con el templo nuevamente a reventar, para recibir a las autoridades y al todo Manzanares y alrededores en un día pleno de sol, y en la Función Solemne en tu honor que concelebraron don Vicente, don Benito y don Luís, acompañados por el diacono Diego Plana Campos, que leyó el evangelio y, con la ayuda de nuestros seminaristas, José-Ángel, Juan Jesús y Jesús Manuel, y de un joven monaguillo que nos ha nacido en la Parroquia y que, según noticias, se llama Liam, en la que predicó don Vicente, presentando al Señor su invocación para que nos conceda tres peticiones importantes: Fortaleza en la fe, constancia en el amor y seguridad en la esperanza, a la vez que recibió la medalla de hermano de Jesús del Perdón, de manos de nuestro Hermano Mayor, Rafael-Ángel Huescar, y agradeció todas estas noches y estos días en que ha vivido intensamente, a caballo entre Valdepeñas y Manzanares, que siempre lo recordará y le agradecerá tantas palabras derramadas, para ayudarnos a honrar a nuestro Jesús del Perdón.

Y, en la tarde del domingo 14 de septiembre de 2025, a las ocho y media, Jesús salió al atrio de la Asunción y, a los acordes del himno, precedido por cientos de manzanareños en la procesión, con otros miles en las aceras, se inició la procesión, dando un gran rodeo, pasando por Carmen, Monjas, Virgen de Gracia, Parroquia de Nuestra Señora de Alta Gracia, Padres Capuchinos, Toledo, Virgen de la Paz y Jesús del Perdón, para llegar, flanqueado por todo su pueblo y muy especialmente por sus hermandades y cofradías y las bandas Santa Verónica, de Membrilla y Julián Sánchez Maroto, de Manzanares, hasta su casa, donde seguirá esperando, recibiendo y bendiciendo a todo el que quiera asomarse y entrar en ese bendito templo, al que hubo que ponerse suelo nuevo hace tiempo, porque son tantos los pasos que se dan día tras día, que los manzanareños y manzanareñas acabamos gastando el pavimento. Que el Señor nos bendiga y nos conceda muchos septiembres en los que aclamarlo y adorarlo como hijos e hijas suyas que somos. Bendito sea Dios, Padre Nuestro.